South America

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Wakü Lodge is an inn that is located on the shore of the Canaima Lagoon, overlooking the Ucaima, Golondrina, Wadaima and Hacha Falls. In addition to its prime location, Wakü blends with landscapes and jungles to offer a warm and comforting environment that feels perfect and non-intrusive. Filled with uncaged birds, Wakü has become a sanctuary for the parrots and toucans that decided to live there. They appreciate the gestures of the guests, including caresses and snacks. Wakü is a family business that offers multiple spaces to share, read and relax. There are outdoor hammocks and many seating areas available to enjoy the breeze and views of the lagoon. The Wakü team accompanies its guests from their arrival at the airport, picks them up and takes them to the Lodge to share a welcome cocktail and show them around. Likewise, the inn offers packages that will allow its guests to enjoy intimate contact with the Canaima National Park, always accompanied by expert guides in the different expeditions and adventures, such as the trip to Angel Falls in a long canoe, through the Canaima Lagoon and other eye-catching attractions of the National Park. As part of the basic package, during their stay, people can feel free to use the paddle boards or kayaks in the Laguna, or take a ride through the indigenous town on the Cannondale bikes that they have at their guests' disposal. Other activities that can be done at this inn include different modalities to get to know the Angel Falls, visit the Kavac caves, trek to the Kuravaina Tepuy with Pozo Azul, among other activities that involve being in contact with nature. The history of this inn started with Raúl García Cañizal, a Spanish immigrant from Salamanca who arrived in Venezuela in 1957 and moved to Canaima in 1978. He started out supporting other operators as a tour guide, and it didn’t take long for him to decide that Canaima would be his life. As soon as his savings allowed him, Raúl acquired Canaima Tours C.A. with its concession on the shores of the Canaima Lagoon. This company, which started with a curiara and a cooler, turned it into the most important logistic system in the area, assembling a fleet of more than 40 boats (curiaras) and working with groups of more than 300 people who at that time were coming to Canaima from all over the world. This is how Raúl, with the unconditional support of his children, Castor, Rosa and Mary, and a team of great people, left a solid company, a relationship with the Pemón – which opened their doors to the family–, a great love for nature and a home for generations to come. In 1989 Mary met Julián Rodríguez, Captain of DC-3, in Canaima. Julián, apart from flying planes, was very good at construction. Together, as a family, they built the Wakü Lodge, which opened in 2002. Julián also ventured into his own aviation company. Almost 25 years after they arrived in Canaima, the now extended family is able to offer a complete experience: air transfer, accommodation and excursions. They are proud of their beginnings, nostalgic for the passage of time and the farewell of those who started this project, but they keep their vision forward, always dedicated to the dream of the Park. Today, their main objectives are to protect the National Park, to guarantee the sustainability of their facilities, to improve the working conditions of their team, and to offer to their guests the best experience in Canaima.

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El Hotel Humboldt se encuentra ubicado en la cima del Cerro Ávila en Caracas, Venezuela. Este edificio es un ícono en la arquitectura venezolana por su diseño de vanguardia. Su construcción se realizó en 199 días de 200 dispuestos por el gobierno de entonces, entre los meses de mayo y noviembre de 1956. El hotel formó parte de un gran proyecto de modernización de la ciudad, en donde la principal intención de esta obra era unir a Caracas con el Litoral a través de un complejo turístico y recreativo que involucraba un teleférico como medio de transporte. El hotel Humboldt se caracteriza por ser una cápsula del tiempo que nos lleva directamente a los años cincuenta del siglo pasado. El hotel es una isla en medio de un verde apabullante, un faro que se divisa desde casi cualquier rincón de Caracas, un homenaje a la luz del trópico. También es un espacio para el descanso y la diversión, donde la historia y la tecnología se unen para brindar una experiencia de altura, a más de 2.200 metros sobre el nivel del mar. Este complejo hotelero, con sus amplios espacios sociales, es quizá la obra más conocida del arquitecto venezolano Tomás Sanabria (1922 – 2008), quien junto a los ingenieros Gustavo Larrazábal y Oscar Urreiztieta logró construir y poner en funcionamiento el hotel en solo 199 días, ¡justo un día antes de vencer el plazo establecido para su finalización! El edificio está construido a una altura de 2140 metros sobre el nivel del mar. El resultado de esta construcción vanguardista es una torre cilíndrica con 70 habitaciones adosadas a un cuerpo bajo destinado a áreas sociales, entretenimiento y servicios, alojados bajo una serie de cubiertas abovedadas y prismáticas. En la parte alta del edificio se encuentra un bar con vistas panorámicas de 360 grados que fungen de mirador para apreciar la iluminada ciudad de Caracas hacia el sur y las tonalidades azul del Mar Caribe hacia el norte. La fachada del edificio está hecha con cristal y aluminio, materiales que se implementaron con la finalidad de ayudar a mantener un ambiente cálido en el interior de la edificación, y que además permitió facilitar el mantenimiento rutinario de limpieza desde adentro por medio de ventanales basculantes. Entre los datos interesantes que vale la pena destacar de esta edificación es que el alto coste de su mantenimiento lo mantuvo cerrado por más de 20 años y no es sino hasta 2019 que abre sus puertas nuevamente al público. Sin embargo, en aras de conservar el ambiente de la época del momento de su construcción, toda la decoración está inspirada en el estilo de los años 50’ y se mantienen muchos de los recursos originales que se utilizaron en aquel entonces, tales como los pisos, las barandas de aluminio, entre otros. La principal forma de acceso a este hotel en la cima del Cerro el Ávila sigue siendo mediante el teleférico de Caracas, desde el cual se pueden apreciar unas increíbles imágenes de la ciudad mientras se van adentrando en medio de la montaña. Sin embargo, para los amantes de la naturaleza y el tracking también es posible realizar el ascenso caminando.

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